martes, 24 de mayo de 2011

A ti...

A ti,

Que todo lo has tenido, que todo lo has podido, y que todo has desaprovechado. A ti, que todo te han dado y por lo que nunca has luchado. Esta carta va dirigida a ti, que no buscas arriesgar nada y que no tienes la seguridad para pelear por lo que ya es seguro que no ganarás; esta carta es para ti. Es para decirte que has tenido todas las oportunidades del mundo para tener lo mejor, mucho más de lo que hoy tienes y que, sin embargo, has decidido dejar de lado porque crees que así estarás bien. Esto es para decirte que no debes conformarte, que a veces lo difícil es lo más fácil, solo depende de que método utilices para lograrlo; todo tiene un cauce natural y no necesita de fuerzas ajenas para acomodare. ¿O es que a caso has visto a un rió pelear contra la montaña? ¿O has visto, a caso, a una flor cerrar sus pétalos ante la llegada externa de un insecto ajeno a lo que es ella?

Cada quién es responsable de sus decisiones y no es prudente andar por la vida mientras te quejas de todo lo mal que te ha tratado; cuando llegue a ti algo, aprovéchalo con sabiduría y aprende de cada momento; es el aprendizaje lo único que es eterno y constante en la vida. No se marchita ni se acaba; solo cambia conforme se crece y para crecer se debe aceptar lo que viene, bueno o malo de todo se aprende. Cuando tengas algo frente a ti, exprímelo. Y cuando hayas aprendido algo y no te deje nada más, continúa con tu camino; cuando lo exprimas y sigas aprendiendo, consérvalo. Vale más tener un libro pequeño y lleno de enseñanza, que una enciclopedia mal escrita.

A ti.

miércoles, 4 de mayo de 2011

La Princesa del Oeste y los Días del Viento.


“Cuando naciste, en los Días del Viento aquel día de Mayo, todos esperaban tu llegada a este mundo. La noche anterior a tu llegada, cerca de la media noche, las estrellas brillaban más que otras noches y no hubo calma más apacible como la de aquella noche; todos sabían que llegarías, que era el momento cuando respirarías por primera vez y el mundo, tu mundo, se estremecería con la llegada del primer llanto de aquella niña. Todos esperaban tu llegada, sabios, y filósofos, los ángeles lloraban desconsolados porque habían despedido a uno más que viajaría a los infortunios de la Tierra y al que, todos sabían, en algún momento volverían a encontrar. Han pasado veintiún años desde tu llegada y te aseguro, que al igual que cuando naciste, has cambiado la vida de muchas personas a los largo de tu andar en esta vida y no has desperdiciado tus momentos en conocer cada sabor dulce y amargo, caída, golpe o mentira que trae como consecuencia conocer al ser humano tal cual y como es. Te has sabido levantar, has sabido apoyar; has sobresalido por ti misma en cualquier reto que te has propuesto y, como Princesa del Reino del Oeste, debes ahora entender que esta vida es más sencilla de lo que tú crees.

Traiciones te vas a encontrar a lo largo de toda tu vida y con ellas, las envidias se verán desatadas y las personas querrán verte caer todo el tiempo, sin importar la altura de la caída o que tanto tiempo tardes en llegar al fondo. Pero dependerá solo de ti continuar con tu vida y salir del pozo en el que caigas; tendrás que levantarte y saber escalar para volver a salir y, cuando lo hayas hecho, sabrás que es hora de cerrar el pozo y continuar tu camino. Deberás confiar en algunas personas por conveniencia y en otras lo harás sinceramente; de las primeras obtendrás un beneficio un tanto egoísta y ellos, a la par, también obtendrán algo de ti. De las segundas, no esperes nunca a que sean todos los que conoces a quien puedes regalar toda tu confianza; serán unos cuantos y de ellos obtendrás todo y ellos todo de ti. Deberás quitarte la venda de los ojos cuando te lastimen y tendrás que aprender a ver más allá de lo que tienes al frente; juzgarás a las personas que te rodean y perdonaras a los que te lastimen; de otro modo, jamás podrás continuar con tu andar, solo arrastrarás culpas que no son tuyas y remordimientos que, a la larga, te causaran fatiga y dolores de cabeza innecesarios. Debes dejar ir a quien no quieres y tendrás que dejar ir a quien debes. Cuando despiertes por las mañanas, encontrarás un mensaje siempre que te hará saber que habrá alguien en quien puedes confiar y que, por mal que pinte el inicio de un día, siempre tendrás el apoyo y la preocupación de quienes te consideran importante en sus vidas. No esperes tener más de diez amigos, nunca más de un amor de tu vida y nunca esperes nada de nadie.

Como Princesa, deberás saber que la vida no es fácil y que al mismo tiempo tendrás los mismos retos que cualquier persona. La vida es la misma para todos, y nadie recibe ni más ni menos. Todos tienen lo que quieren y lo que tú debes conocer es: ¿Qué quieres en esta vida? Vive tu vida todos los días y deja de preocuparte por quien te merece y por quien debería merecerte; cuando menos lo esperes, tú mejor que nadie sabrás quien tiene la dicha de merecerte; pero no te cierres, y cuando te cierres, que no sea una excusa. Al vivir cargarás siempre con la mirada de las personas encima de ti, porque nadie soporta ver a la realeza levantarse después de la caída de un imperio. Tu imperio es tu vida, y pronto serás la Reina de ella. Que los Días del Viento, te acompañen”

domingo, 13 de febrero de 2011

A la suerte de un día.

A la suerte de un día me apagué, me entregué para conocerte. El nerviosismo me invadía y la inseguridad, amiga infiel de la confianza, se apoderaba de mi mientras esperaba impaciente sobre aquella mesa solitaria, observando impávido y sin reflejo alguno el movimiento de la manteleta que danzaba junto con el viento, complicidad no planeada que me hacía pensar si algún día llegaría tan ansiado momento. Respiraba intranquilo y sin ritmo, mi corazón ar-rítmico golpeaba mi pecho con desesperación como si fuera un huésped ansioso por salir de aquella prisión de huesos y carne; todo era extraño y los minutos se hacían de arena, espesa y líquida que detenía el paso de aquel reloj sobre la plaza... Y esperaba que en algún momento tanta sangre bombeada a mi cabeza no estallara en mil ideas para pensar que jamás te aparecerías.

Un suave beso del viento sobre mis mejillas, con ese perfume de rosas que tanto ansiaba oler, llegó de golpe a mi nariz y tan pronto como lo sentí, miré al frente: piel de nieve, cabello de oro, cuerpo delgado y obscenamente delicado. Todo aquello en conjunto se movía con una dirección segura y directa, sin tambalear o titubear, hacia aquella mesa en donde yo me encontraba entonces helado por la impresión de ver a la belleza desdibujada frente a mis ojos de una forma tan impactante que hasta los Dioses griegos hubieran envidiado; belleza que hasta Afrodita misma envidiaba y cuyo padre tuvo que contener pues, en su arranque de ira y furia juro con un grito poseer tal belleza terrenal, envidiada por los mismos creadores. Y en tan solo un momento, que pareció extenderse por años y visualmente se apreciaba en cámara lenta, llegaste a aquella silla, y yo, inmóvil sobre la mía, solo dejé salir palabras que te hicieron reír y que, en mi opinión, fueron las que iniciaron todo un festín de palabras que duraría toda la noche, desencadenando solo risas y ademanes de interés, todos ellos en conjunto deseando porque aquel encuentro no terminara.

Y bajo la luz de la luna dos entes diferentes, dos almas atrapadas, se perdieron en los albores de la mirada, de los espejos del iris. Se perdieron en la eternidad de la noche, en el encuentro de fortuna... Se fundieron en el mar de lo irreal, en el cielo del sentido, a la suerte de un día que recordarán por toda la vida.

jueves, 20 de enero de 2011

Ciao, che dire della notte?

Saliendo del cuarto, mientras abandonaba aquel campo de batalla de sábanas deshechas y olor a batallas entre almohadas; de un campo minado de ropa interior y zapatos desperdiciados, de perfumes rotos y de almohadas abolladas; mientras en un mar de oscuridad bajo las cortinas se redoblaba sobre el profundo aliento de guerra que respiraba su contrincante; se encontró con el pensamiento que más le agobiaba incluso horas antes...

No entendía lo que habia sucedido en aquel cuarto y poco a poco comenzaron a aparecer en su cabeza, como fotografías que son expuestas solo por momentos, las imagenes de aquella feroz pero tan tierna batalla sobre el colchón, la alfombra, los sillones, los marcos de las ventanas, las sillas. Y entendió entonces que toda ella estaba, en esencia, sobre aquel cuerpo relajado que yacía como soldado caído sobre la cama; y mientras con su mano recorría su propio cuerpo, encontraba las heridas de la batalla librada; mordidas, arañones, besos... Todo era un éxtasis de recuerdo para ella...

Y al sonar el despertador, si dio cuenta que estaba en el mismo lugar de siempre. Sola en su cama, con el Sol de complice y el silencio de una habitación que hoy esta tranquila, pero esta noche la Luna le hará segura compañia, a esta mujer de piel blanca y cuerpo de ensueño y le preguntara, suave al oido su amante: Ciao, che dire della notte?

miércoles, 19 de enero de 2011

El Faro ....

La verdad es que en esta ocasión no escribiré sobre una historia fantástica, mucho menos sobre personajes con vidas parecidas a la realidad y situaciones tan conocidas como solo la fantasía las puede pintar. Hoy no. Dedicaré entonces esta publicación a lo que no quiero publicar, a lo que no quiero que ustedes lean; leeran en estas líneas lo que esperaban no leer, y entenderán lo que nunca quisieron entender. Hoy, amigo lector, me haré faro de tu inseguridad... Pero, no es porque me importe; mucho menos es por el gusto de escribir una crítica desenfrenada hacia alguien, con tintes de sarcasmo y críticas obsenas entre líneas; tampoco te daré el gusto de que sepas que me importas, porque la verdad me vales un carajo. -Toma agua y continua-. El ser humano, despreciable y abobinable creación de la naturaleza, de lo que llaman "milagro", imágen y semejanza de "Dios". No. Es el ser humano nada más que la confabulación ideática y el aglomeramiento de los más vicerales y carnales deseos, tentaciones e imperfecciones en toda la perfección infinita del Universo. Se destruye, se ataca, se ama, se tiene compasión, es débil, no es fuerte (solo es agresivo). Su hambre de destrucción lo encamina a su propia destrucción. Pero, no nos pongamos apocalípticos. El apocalípsis llegó con el humano. Y empezó su degradación en el momento mismo en el que este se junto con su ente femenino; no culpo a la mujer de la degradación del humano, pues al igual que el hombre, su esencia animal la hace "humana" (humano, sería el término correcto). Y todo se instituyo bajo el concepto de la monogamia, de que el hombre a la mujer, y la mujer al hombre, en correspondencia mutua, serían fundadores, creadores de la base de lo que hoy llamomos sociedad: la familia.

Pero, para que llegemos al punto de la familia hace falta toda una serie de arcaicos, azarosos e instintivos sucesos que nos lleven a que, de toda la maraña de "sentimientos humanos" que habitan en la esencia del ser, y que nos diferencia de los animales (a pesar de que no veo la diferencia actualmente) haga que salga a flote un sentimiento que forje las bases de esta sociedad utópica: la confianza. El ser humano, autodestructivo por naturaleza, carece de tal sentimiento aunque nos jactemos de poseerla y sintamos compasión (debilidad) por aquella persona que no puede confiar; se ha vuelto la confianza el estandarte de todo cuanto conocemos hoy en el mundo. Las invasiones, guerras y conquistas... Todas ellas basadas en la confianza de que un "hombre" podría conquistar nuevas tierras y ayudar, en consecuencia, a que las nuevas sociedades crecieran bajo el dominio del viejo mundo, haciendo de aquellas sociedades la creación y obra maestra del mundo antigüo. No obstante, esa confianza es el reflejo del temor mismo el que se le otorgó el apodo de "confiar" pues, era miedo de no controlar, miedo de no someter a las nuevas sociedades tecnológica y sapientemente más débiles que sus controladores. Era el temor resguardado en el valor más falso desdibujado por el hombre. Y ahora, se ha vuelto en el argumento más utilizado para justificar los actos del hombre, del humano, hombre y mujer, sobre aquello a lo que teme y a lo que no está seguro de controlar.

Débil humano. El super hombre te ha desbancado pues sin sentimientos, la fortaleza y superioridad de la raza humana esta garantizada. Confiar en humanos... la peor tontería que alguien puede hacer, incluso confiar en ti. Pero, no todo es desgracia en esta vida que llevamos y de la que somos parte como individuos de una sociedad que día a día decadente hasta en sus cimientos se ha vuelto, dejándo al descubierto el verdadero problema que es la falta de valores. A pesar de ser pocos los que entiendan estas palabras, deberán entender que la confianza solo la hallarán en un lugar al que nunca mirán, en algo a lo que menos atención le prestán y que pocas veces se han dado cuenta de que está ahi: su sombra. Esa mancha en forma de hombre o mujer que está por detrás de ustedes no es más que el reflejo de su carencia y por tanto la mejor herramienta para combatir su miedo creciente y desmesurado a lo que no pueden controlar. Es, humano, tu sombra la confidente de tu vida...


Carta de un filósofo sin nombre.
S. V D.C Ternes, Grecia.

martes, 4 de enero de 2011

Las fantásticas historias de Malituta y los argonautas de Xal' Ka Capítulo II

La desesperación y el hambre la han consumido poco a poco, dejándole un vació más allá del estómago y que se refleja en aquella figura esquelética que intenta mantenerse de pie en aquella habitación de muerte en donde, la tierra roja humedecida y un par de paredes de madera podrida, resguardan cual ataúd lo poco que queda de aquella pequeña niña. Pero, en la selva todo es dinámico y todo cambia de un momento a otro y la suerte de este pequeño ser no es ajena al cambio constante que sufre la selva misma.

Al salir de aquella guarida, Malituta camina tambaleante hacia un montículo de tierra roja junto a la raíz de una Caoba Negra, repleta de gruesas lianas al rededor del tronco y con varios escapularios que han colocado a lo ancho del tronco de aquel árbol tan majestuoso. Su copa, tan alta que cuando se le intenta ver, la luz del sol resguarda celosamente el final de aquel majestuoso árbol, cubre con su sombra a toda la aldea que se ha postrado alrededor del árbol; su raíces guardan una serie de canales naturales tallados por el agua que recojen las hojas de lo alto y que alimentan a las quince familias que se han resguardado en medio de esta selva. Y, conforme avanza Malituta hacia aquel montículo de tierras rojas, sus ojos, perlas blancas y de color miel que se codiciarían en cualquier mercado negro, se tornan rojos y húmedos, e inveitablemente una lágrima rebala por su mejilla hasta sus labios gruesos y carnosos; es la tumba de su padre que buscaba un camino que le contactara con el mundo exterior y que, la mañana anterior, fue encontrado por el sabio de la aldea colgando de lo alto de una palma y con una leyenda en su torso: "Son los que siguen".

Nadie abandonaría aquel lugar, y Malituta sabia eso. Y mientras avanzaba triste y desconsolada hacia el montículo de su padre, se escuchó un estruendo proveniente del interior de la selva; y después, un viento fuerte golpeo a todos los que se paraban alrededor de aquella Caoba. "Ya están ahi" pensó Malituta. Y lentamente se arrodilló frente a la tumba de su progenitor, mientras calmada y débil aguardaba su destino que se encaminaba hacia su aldea con armas de fuego y hombres que en algún momento eran llamados "hombres".

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Las fantásticas historias de Malituta y los argonautas de Xal' Ka

Era tarde en el Valle Ix'Ka y aquella pequeña niña de ojos claros, cristalinos y grandes, abría sus parpados al suave beso de la luz del sol, como el primer beso dorado que reciben aquellos labios pestañudos que, detrás de aquella película de piel blanda y morena, resguardan las dos perlas codiciadas por aquellos que son ciegos y a quienes se les ha negado el deseo de convertir la luz en la infnidad de formas y colores que ni la imaginación puede materializar. El viento frío, que se mueve a través del valle como un tren de agujas, calando y golpeando hasta el último nervio de aquel cuerpo femenino, silba y aulla entre las aberturas que dejan al descubierto aquellos trozos de madera que, Malituta particularmente, llama hogar; el piso, de tierra colorada y bañado por pequeñas piedras de tezóntle, que hieren los pies descalzos como vidrios mal cortados y afilados, finos y aleatorios sobre aquella cama de tierra roja, resguarda bajo él una pequeña caja de madera en donde, Malituta, ha escondido sus más gratos recuerdos en forma de hojas verdes, pequeñas hormigas, alas de polilla, casquillos de balas percutidas y moños blancos, recordando que en algún momento de su infancia, la inocencia aún tenía nombre y techo, país y religión... algo que en conjunto, en algún momento llamarón: humanidad.
Sobre el catre que la sostiene ya debilitado por el paso de los años, Malituta, la pequeña niña del Valle, se estira y bosteza como si despertara del sueño más profundo que nunca tuvo, que le arrebato el sonido de mil balas entre los árboles; se estira y con sus manos va en busca de un zarape que cuelga sobre su cabezera; lentamente se sienta sobre el catre de varitas de mimbre y paja y con sus pies busca lo que ahora son solo vestigios de unos zapatos de piel de cordero que se ven arrugados, con pequeños hoyos en la suela y sin agujetas, su única protección contra el cortante suelo que esta a sus pies y por el cual se niega a caminar una vez mas. Se levanta. Camina lentamente hacia un trozo de espejo que cuelga sobre la pared, solo para percatarse que sobre su mejilla ahora hay una pequeña roncha roja. Es reciente. Tomá de un recipiente, hecho con un trozo de madera de rosa, una pequeña hoja verde que en sus bordes pareciera tener pequeñas garras duras, al igual que sobre la misma superficie de la hoja y la frota sobre su mejilla hinchada. El dolor que siente cierra sus párpados, como si sus ojos buscaran llenar de lágrimas aquel espacio pequeño entre ellos y aquellas perlas blancas, símbolo único de expresión que tiene el dolor en los animales y que, ahora, expresan el suyo pues la inflamación provocada en su mejilla ha disminuido, a un costo de agua y sal. Se mira al espejo y, con delicadeza, toma un peine hecho de palma seca y con suave y firme mano cepilla su cabello, que no consta de poco más de una veintena de ebras de cabello. [continua...]
(Siguiente parte: 15.12.2010)