jueves, 20 de enero de 2011

Ciao, che dire della notte?

Saliendo del cuarto, mientras abandonaba aquel campo de batalla de sábanas deshechas y olor a batallas entre almohadas; de un campo minado de ropa interior y zapatos desperdiciados, de perfumes rotos y de almohadas abolladas; mientras en un mar de oscuridad bajo las cortinas se redoblaba sobre el profundo aliento de guerra que respiraba su contrincante; se encontró con el pensamiento que más le agobiaba incluso horas antes...

No entendía lo que habia sucedido en aquel cuarto y poco a poco comenzaron a aparecer en su cabeza, como fotografías que son expuestas solo por momentos, las imagenes de aquella feroz pero tan tierna batalla sobre el colchón, la alfombra, los sillones, los marcos de las ventanas, las sillas. Y entendió entonces que toda ella estaba, en esencia, sobre aquel cuerpo relajado que yacía como soldado caído sobre la cama; y mientras con su mano recorría su propio cuerpo, encontraba las heridas de la batalla librada; mordidas, arañones, besos... Todo era un éxtasis de recuerdo para ella...

Y al sonar el despertador, si dio cuenta que estaba en el mismo lugar de siempre. Sola en su cama, con el Sol de complice y el silencio de una habitación que hoy esta tranquila, pero esta noche la Luna le hará segura compañia, a esta mujer de piel blanca y cuerpo de ensueño y le preguntara, suave al oido su amante: Ciao, che dire della notte?

miércoles, 19 de enero de 2011

El Faro ....

La verdad es que en esta ocasión no escribiré sobre una historia fantástica, mucho menos sobre personajes con vidas parecidas a la realidad y situaciones tan conocidas como solo la fantasía las puede pintar. Hoy no. Dedicaré entonces esta publicación a lo que no quiero publicar, a lo que no quiero que ustedes lean; leeran en estas líneas lo que esperaban no leer, y entenderán lo que nunca quisieron entender. Hoy, amigo lector, me haré faro de tu inseguridad... Pero, no es porque me importe; mucho menos es por el gusto de escribir una crítica desenfrenada hacia alguien, con tintes de sarcasmo y críticas obsenas entre líneas; tampoco te daré el gusto de que sepas que me importas, porque la verdad me vales un carajo. -Toma agua y continua-. El ser humano, despreciable y abobinable creación de la naturaleza, de lo que llaman "milagro", imágen y semejanza de "Dios". No. Es el ser humano nada más que la confabulación ideática y el aglomeramiento de los más vicerales y carnales deseos, tentaciones e imperfecciones en toda la perfección infinita del Universo. Se destruye, se ataca, se ama, se tiene compasión, es débil, no es fuerte (solo es agresivo). Su hambre de destrucción lo encamina a su propia destrucción. Pero, no nos pongamos apocalípticos. El apocalípsis llegó con el humano. Y empezó su degradación en el momento mismo en el que este se junto con su ente femenino; no culpo a la mujer de la degradación del humano, pues al igual que el hombre, su esencia animal la hace "humana" (humano, sería el término correcto). Y todo se instituyo bajo el concepto de la monogamia, de que el hombre a la mujer, y la mujer al hombre, en correspondencia mutua, serían fundadores, creadores de la base de lo que hoy llamomos sociedad: la familia.

Pero, para que llegemos al punto de la familia hace falta toda una serie de arcaicos, azarosos e instintivos sucesos que nos lleven a que, de toda la maraña de "sentimientos humanos" que habitan en la esencia del ser, y que nos diferencia de los animales (a pesar de que no veo la diferencia actualmente) haga que salga a flote un sentimiento que forje las bases de esta sociedad utópica: la confianza. El ser humano, autodestructivo por naturaleza, carece de tal sentimiento aunque nos jactemos de poseerla y sintamos compasión (debilidad) por aquella persona que no puede confiar; se ha vuelto la confianza el estandarte de todo cuanto conocemos hoy en el mundo. Las invasiones, guerras y conquistas... Todas ellas basadas en la confianza de que un "hombre" podría conquistar nuevas tierras y ayudar, en consecuencia, a que las nuevas sociedades crecieran bajo el dominio del viejo mundo, haciendo de aquellas sociedades la creación y obra maestra del mundo antigüo. No obstante, esa confianza es el reflejo del temor mismo el que se le otorgó el apodo de "confiar" pues, era miedo de no controlar, miedo de no someter a las nuevas sociedades tecnológica y sapientemente más débiles que sus controladores. Era el temor resguardado en el valor más falso desdibujado por el hombre. Y ahora, se ha vuelto en el argumento más utilizado para justificar los actos del hombre, del humano, hombre y mujer, sobre aquello a lo que teme y a lo que no está seguro de controlar.

Débil humano. El super hombre te ha desbancado pues sin sentimientos, la fortaleza y superioridad de la raza humana esta garantizada. Confiar en humanos... la peor tontería que alguien puede hacer, incluso confiar en ti. Pero, no todo es desgracia en esta vida que llevamos y de la que somos parte como individuos de una sociedad que día a día decadente hasta en sus cimientos se ha vuelto, dejándo al descubierto el verdadero problema que es la falta de valores. A pesar de ser pocos los que entiendan estas palabras, deberán entender que la confianza solo la hallarán en un lugar al que nunca mirán, en algo a lo que menos atención le prestán y que pocas veces se han dado cuenta de que está ahi: su sombra. Esa mancha en forma de hombre o mujer que está por detrás de ustedes no es más que el reflejo de su carencia y por tanto la mejor herramienta para combatir su miedo creciente y desmesurado a lo que no pueden controlar. Es, humano, tu sombra la confidente de tu vida...


Carta de un filósofo sin nombre.
S. V D.C Ternes, Grecia.

martes, 4 de enero de 2011

Las fantásticas historias de Malituta y los argonautas de Xal' Ka Capítulo II

La desesperación y el hambre la han consumido poco a poco, dejándole un vació más allá del estómago y que se refleja en aquella figura esquelética que intenta mantenerse de pie en aquella habitación de muerte en donde, la tierra roja humedecida y un par de paredes de madera podrida, resguardan cual ataúd lo poco que queda de aquella pequeña niña. Pero, en la selva todo es dinámico y todo cambia de un momento a otro y la suerte de este pequeño ser no es ajena al cambio constante que sufre la selva misma.

Al salir de aquella guarida, Malituta camina tambaleante hacia un montículo de tierra roja junto a la raíz de una Caoba Negra, repleta de gruesas lianas al rededor del tronco y con varios escapularios que han colocado a lo ancho del tronco de aquel árbol tan majestuoso. Su copa, tan alta que cuando se le intenta ver, la luz del sol resguarda celosamente el final de aquel majestuoso árbol, cubre con su sombra a toda la aldea que se ha postrado alrededor del árbol; su raíces guardan una serie de canales naturales tallados por el agua que recojen las hojas de lo alto y que alimentan a las quince familias que se han resguardado en medio de esta selva. Y, conforme avanza Malituta hacia aquel montículo de tierras rojas, sus ojos, perlas blancas y de color miel que se codiciarían en cualquier mercado negro, se tornan rojos y húmedos, e inveitablemente una lágrima rebala por su mejilla hasta sus labios gruesos y carnosos; es la tumba de su padre que buscaba un camino que le contactara con el mundo exterior y que, la mañana anterior, fue encontrado por el sabio de la aldea colgando de lo alto de una palma y con una leyenda en su torso: "Son los que siguen".

Nadie abandonaría aquel lugar, y Malituta sabia eso. Y mientras avanzaba triste y desconsolada hacia el montículo de su padre, se escuchó un estruendo proveniente del interior de la selva; y después, un viento fuerte golpeo a todos los que se paraban alrededor de aquella Caoba. "Ya están ahi" pensó Malituta. Y lentamente se arrodilló frente a la tumba de su progenitor, mientras calmada y débil aguardaba su destino que se encaminaba hacia su aldea con armas de fuego y hombres que en algún momento eran llamados "hombres".