lunes, 19 de abril de 2010

Cuando se olvidan los hechos.

El día de ayer, casí a la misma hora, terminaba yo de escribir una crítica personal y bastante objetiva sobre las personas que a veces nos condicionan su "amistad" mientras se cumpla con una condición impuesta por estas. Por hoy, por la pura razón de no aburrirme al escribir esto, hablaré en concreto sobre lo que se les olvida a estos "amigos" de lo que hemos hecho por ellos, sin que ello signifique que tengan el derecho de condicionar tal amistad haciendonos omitir las cosas que queremos en esta vida y orillando a otros, los afectados, a no contar nunca más sus secretos.

Se les ha olvidado que cuando estaban caídos, les ayudamos a levantar el vuelo. Se les olvidó que, cuando el hombro de otros estaba húmedo, el nuestro estuvo seco para guardar esas lágrimas. Y se les olvidó que, a pesar de que teníamos nuestras dudas, jamás perdimos la fe en ellos.

Cuando se olvidan los hechos, se les olvida que somos humanos. Y por ser humanos, imperfectos por naturaleza, no podemos exigir mas allá de lo que no hemos dado.

domingo, 18 de abril de 2010

De críticas sociales se hace un "cocktail"

Hace no mucho en una de esas charlas de café con uno de mis grandes amigos de cabecera, platicaba sobre las reacciones que las personas a menudo tienen sobre ciertas noticias que, les guste o no, son completamente ajenas a ellas. Acontecimientos y actuaciones que no les afectan en nada para vivir su vida como hasta ahora lo han hecho y, sin embargo, su cuchara sigue cayendo en sopa ajena.

Reíamos un poco recordando sobre anécdotas parecidas en donde, para desgracia nuestra - y desgracia del que no entiende- todas coincidian en una sola cosa: siempre había alguien inconforme que le quitaba la palabra al actor directo de alguna situación. Y claro, como olvidar que ahora se me retira la palabra porque no están de acuerdo en como llevo a cabo mi relación, relación que no está por más recordar que es dos y no de tres. O al menos, así lo entiendo yo.

Claro que es más triste pensar en que aquellas personas que se han alejado resultaron ser, en su momento, importantes en nuestra vida y que ahora nos han galardonado con el lugar número uno, el lugar de honor, en el podium del odio. Esto es común, se ha vuleto pupular y seguirá creciendo mientras las personas no tengan criterio único para, al menos de momento, discernir en que los actos ajenos no son un periódico el cuál conmueve a masas con noticias ajenas de la vida privada de personas que no influyen en nuestra vida. Hoy, un diputado puede morir y el país seguirá de pie; hoy, México puede ganar el mundial y mañana se olvidará, como pasó con los juveniles hace ya algunos años. Entonces, ¿Por qué tener el lugar en el salón de la fama?

No es más que un cocktail de asuntos ajenos que sabe bien a quienes carecen de criterio propio y quienes por si mismos no pueden decidir; no es más que un mero capricho de querer hacer que una persona haga lo que "uno" quiere. Y esta es la realidad de nuestra sociedad.