martes, 9 de noviembre de 2010

Cuando nos topamos con la casualidad, solo por curiosidad.

Era evidente que las charlas se hacían largas y más áun que la extrañeza, en pocas ocasiones, comenzaba a inundar aquellas líneas escritas en cada conversación que mantenían un par de desconocidos. En un principio, cuando todo se daba por sentado, simplemente comenzó a surgir poco a poco la espontaneidad de las ideas y la continuidad de estás; en ocasiones no era necesario explicar más allá de lo que se leía; en otras, y quizás solo en pocas, había que explicar de forma más clara lo que uno pensaba y lo que el otro interpretaba, pero el entendimiento entre aquellos dos extraños se hizo evidente. Sin embargo, carente de todo contacto físico, aquellos dos extraños comenzaron a compartir aún más cosas y reían, detrás de los monitores, sobre las cosas que uno escribia sobre el otro.
No era suficiente solo hablar de casualidad o probabilidades, aunque fuera divertido. Se volvió entonces importante conocer el día del otro, sus altas y sus bajas, sus frustraciones o sus alegrías, sus problemas o éxitos. Todo fluía como debía hacerlo "El río que nace en la montaña, encuentra su cause a través de caminos extraños, pero como sea llegará siempre al mar". Eso aprendí en una ocasión. Ahora, solo saben aquellos dos extraños que el inicio de una historia, proviene siempre del final de otras que no conocemos, son la continuidad de algunas anteriores que llegaron a nuestras vidas; pero para cuestiones del corazón, el mismo inicio- la forma en la que inicia- te lleva en el camino y te guía hasta el final.

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