lunes, 18 de octubre de 2010

Pares en la terminal

Justo a las seis y media de la tarde, la luz del sol entra por una pequeña abertura que separa el área de abordaje de la sala de espera; es tán fuerte que deja poco que ver a quienes se encuentran sentados en la sala de espera. Hay quienes leen libros, un señor que lee sobre Las Siete Tragedias y otro, de edad un poco más joven que el primero, que lee un libro de portada verde que no alcanzo a leer. Al mismo tiempo, una imagen extraña de lo que parece una conversación normal ha llamado mi atención pues, no se trata de una conversación ruidosa, sino de una en donde el silencio se convierte en la charla, por lo que veo, más alegre del mundo. Dos sordomudos platican sobre, lo que parece ser, un retraso de horas y al mismo tiempo uno continua haciendo ademanes al otro sobre si la mochila le pesa, o bien si la práctica no me ha fallado, sobre que su suegra aún no quiere irse de la casa. Irónico. Y yo aún no quiero irme de aquí.

Frente a mi, dos filas adelante una pareja lee un mensaje juntos que han recibido en sus teléfonos móbiles y lo hacen con tanto cariño que había olvidado por completo como se vería una imágen así. Y no solo eran ellos. Sentados a mi izquierda, a cuatro lugares de mi, otra pareja revisa las fotos que tienen juntos en su dispositivo y ella hace muecas pues al parecer su cara no le ha gustado. Creía que había visto todo, pero entonces algo en el ambiente llamo mi atención. Prestando a más detalle a todo y a quienes me rodeaban me di cuenta de que todos venían en par; dos niños pequeños de meses, otros dos de quizas tres o cuatro años corriendo y dos niñas sentadas jugando con muñecas. Dos alguaciles vigilando las salidas, dos vendedores en la tienda, dos parejas revisando el mobil, dos viejos leyendo un libro, dos sordomudos teniéndo una conversación, dos madres dando pecho, dos niños en carreola, dos señoras hablando sobre la congregación, dos extranjeros durmiendo y otros dos comiendo un par de manzanas.... Todo era par en la terminal menos yo.

Y cuando al fin, aquella voz femenina anunció con su voz computarizada la salida a aquella ciudad vacia, pense: ¿Seguro regresaré?.... Sono mi celular y una sonrisa en mi rostro se dibujo. Era mi par.

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