Fue en este momento en donde me doy cuenta de lo que piensas. Es cuando te levantas de la cama y me miras, pensando en que todo esto no fue más que una locura retorcida; es en este momento cuando recuerdo que es lo que piensas, cuando imagino lo que de mi opinas. Crees que soy débil y contradictorio, carente de todo sentimiento y que solo me beneficio de la condición, pues para mi es más sencillo.
Pero te has equivocado. Ni más fácil, pero si más difícil. Semanas han pasado he intento olvidar lo que fuimos, no se va pero tampoco se queda; a la primera brisa de aire seco y es como si un campo de hierba seca ardiera súbitamente. Nada lo calma hasta que, al final, esa mujer de hielo que conocí se extiende sobre aquel campo y apaga todo con solo soplar sobre aquel incendio. Difícil es entender que no quiero alejarme aunque no este cerca; facil es imaginar que solo busco un momento, tan fugaz como la muerte misma. Pero como los colores del cielo, que cambian por las tardes de rojo a amarillo, de naranja a azules, y entre azules, todos torcidos, así son mis momentos, mientras crees que soy débil e insensible, mientras piensas que llevo ventaja y tu te haces víctima de mil batallas pérdidas; y cuando miro en tu interior, no veo más que un cambio de azules, como los mares que me rodean; que inician azul cielo, se tornan marino y mueren profundo, entre azules torcidos de la infinidad de tu frialdad que te mantiene viva.
Quieres saber algo. Yo te lo hago saber. No sos la única que es víctima, también lo he sido. No sos solo tu la que cree que todo esta perdido, también yo lo pienso. Si no recorro el camino tuyo de nuevo, no es porque no quiera; cual lo dicen muchos, y lo entienden pocos, aún no llego a esa desviación en donde esta un camino, el mio y el tuyo; aún me falta por recorrer este mundo tan insano que todos, humanos y no humanos, recorren para buscar un sentido; a esa vida que los llena y que los mantiene cálidos entre el frío. Y cuando al final llegue el momento, si es tu camino el que debo tomar, lo he de tomar sin pensarlo.
Son solo azules torcidos los que veo en tu piel. Y en mis manos las tuyas se derriten, como el azul del hielo, como un azul tétrico; de oscuras noches azules torcidos, he de volver aunque la noche triste me asesine en el intento. Y cuando vuelva, sabrá solo Dios si debía caminar contigo entre mil azules torcidos y un ramo de flores no marchito, vivo.
Pero te has equivocado. Ni más fácil, pero si más difícil. Semanas han pasado he intento olvidar lo que fuimos, no se va pero tampoco se queda; a la primera brisa de aire seco y es como si un campo de hierba seca ardiera súbitamente. Nada lo calma hasta que, al final, esa mujer de hielo que conocí se extiende sobre aquel campo y apaga todo con solo soplar sobre aquel incendio. Difícil es entender que no quiero alejarme aunque no este cerca; facil es imaginar que solo busco un momento, tan fugaz como la muerte misma. Pero como los colores del cielo, que cambian por las tardes de rojo a amarillo, de naranja a azules, y entre azules, todos torcidos, así son mis momentos, mientras crees que soy débil e insensible, mientras piensas que llevo ventaja y tu te haces víctima de mil batallas pérdidas; y cuando miro en tu interior, no veo más que un cambio de azules, como los mares que me rodean; que inician azul cielo, se tornan marino y mueren profundo, entre azules torcidos de la infinidad de tu frialdad que te mantiene viva.
Quieres saber algo. Yo te lo hago saber. No sos la única que es víctima, también lo he sido. No sos solo tu la que cree que todo esta perdido, también yo lo pienso. Si no recorro el camino tuyo de nuevo, no es porque no quiera; cual lo dicen muchos, y lo entienden pocos, aún no llego a esa desviación en donde esta un camino, el mio y el tuyo; aún me falta por recorrer este mundo tan insano que todos, humanos y no humanos, recorren para buscar un sentido; a esa vida que los llena y que los mantiene cálidos entre el frío. Y cuando al final llegue el momento, si es tu camino el que debo tomar, lo he de tomar sin pensarlo.
Son solo azules torcidos los que veo en tu piel. Y en mis manos las tuyas se derriten, como el azul del hielo, como un azul tétrico; de oscuras noches azules torcidos, he de volver aunque la noche triste me asesine en el intento. Y cuando vuelva, sabrá solo Dios si debía caminar contigo entre mil azules torcidos y un ramo de flores no marchito, vivo.
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