sábado, 31 de julio de 2010

Al borde de la extinción.

Nos encontramos hoy, inevitablemente, viviendo en un mundo en donde queda poco tiempo para dedicar tanto a otros como a uno mismo. Es seguro que al crecer y continuar nuestro camino por esta vida, nos encontramos con el hecho de que, efectivamente, el tiempo se ha vuelto valioso. Tiempo es ahora una palabra que se emplea para designar actividades llenas de él, exentas de pausa alguna para disfrutar todo lo que nos rodea, lo que nos hace y lo que nos ha forjado; tiempo se ha vuelto ahora una moneda, con un valor tan alto que es capaz de poner precio a la productividad, más ya no a la vida de las personas.

Se ha vuelto, pues, una palabra menos preciada para muchos y valiosa para ya muy pocos. Quienes podemos inmortalizar momentos breves en la infinidad del tiempo, los recordamos para siempre, tan latentes en nuestro presente, como lo fueron en el pasado y como no lo serán en el futuro; ya no queda tiempo para disfrutar de un detalle, pequño y minúsculo, pero que ha sido hecho con sentimiento. Se acabó. Ya no hay tiempo, no le queda tiempo ni al hombre ni a la mujer para apreciar aquello que los enamora, que los hace ser, que los hace vivir y respirar juntos. Ha muerto.

Matamos al tiempo a la par de nuestras ilusiones y lentamente observo, triste, que las cosas que uno hoy hace no precisan del tiempo de otros para ser observadas, admiradas. Ni siquiera cirticadas.

No hay comentarios: