miércoles, 16 de diciembre de 2009

Que los segundos hablen...

La mañana es fría y nublada. Poco, o casi nada es lo que se alcanza ver de lo que descubren de azul cielo las nubes grises que hoy cubren este valle. Todo parece estar muerto, sin ruido ni bullicio. La gente prefiere el abrigo de sus hogares a las heridas que hieren como mil cuchillos el frió de afuera.

Dentro de esta casa solo se percibe el pasar de los autos bastante aleatorio. La luz entra muy tenuemente e ilumina sin contrastes las cuatro paredes que me encierran de este frío externo. Al lado, no hay más que un plato vació que ilustra los vestigios de una cena antigua; una tasa que ya no humea y que deja escapar el olor del cafe frío; la puerta cerrada y una cama desordenada es todo lo que queda en este mundo cúbico que me encierra. Solo observó una botella frente a mi que guarda mil estrellas en su interior.

¿Qué pasa con los secretos? ¿Qué ocurre cuando poco a poco, sin que nos guste aceptarlo, observamos que un secreto nos consume más prontamente que los años vividos? Y no solo dejamos que nos consuma, más sabemos que no actuaremos en beneficio de otros o de uno al contar ese secreto. Y es aquí donde todo, todo y absolutamente nada comienza a desmoronarse sobre la vida misa.

Que los segundos hablen... Más dolorosa es la caída de un árbol cuyo tronco ha sido parcialmente cortado, que aquel que cae de súbito, pues el que ha sido apenas cortado se esfuerza en mantener el equilibrio y por no comenzar su caída, que aquel cuya caída es súbita y sin embrollos. Que los segundos hablen... porque al final más dolorosa será la perdida de un ser querido por los segundos sin verlos, que el final súbito que a cualquier relación le espera. Que los segundos hablen.... Al tiempo ya no le importa.

Ya me canse de ser yo quien tiene que ceder, quien de explicaciones al Rey; me colmé con frases repetidas esta lengua maldita que la vida me dio, y con ideas de grandeza que vuestro señor me otorgo. Maldita la hora en que humano nací... triste la hora en que debo partir... y no quiero ser, vuestro cuervo vigía, mucho menos vuestra memoria muerta y vacia. Ocuparos... más no reclamar ni justificar... si bien lo vale, ocuparos.



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